CubaMambisa

Ciudadanía cubana: Hipocresía y conveniencia:

Escrito por CubaMambisa 03-03-2018 en Historia. Comentarios (0)

El Diablo Cojuelo

El Decreto-Ley 352 “Sobre la adquisición de la ciudadanía cubana por nacimiento de los nacidos en el extranjero de padre o madre cubanos” es chocante, y si bien fue una respuesta bien oportuna -¿u oportunista?- a las disposiciones de Donald Trump y Marco Rubio, a mí se me parece demasiado a los espejitos que le entregaban los españoles a los indios a cambio de oro o información: una tremenda churrada.

Vamos por paso:

En su artículo 1. dice que “El derecho constitucional sobre la adquisición de la ciudadanía cubana de los nacidos en el extranjero de padre o madre cubanos solo puede ser limitado por las causas a que se refiere esta norma”: eso es incorrecto, porque la constitución cubana actualmente vigente, aun con todas sus inconsistencias o violaciones de que siempre ha sido objeto, determina claramente en su artículo 32, si mal no recuerdo, que a los cubanos se les prohíbe la doble ciudadanía, por lo que nadie que tenga, por ejemplo, la ciudadanía española o estadounidense se le puede mantener u otorgar la cubana, aunque cumpla todos los requisitos de este decreto.

Lo que siempre se pretendió con la condicionante del “avecindamiento” fue garantizarle un “beneficio” a los nacionales que se quedaban en Cuba, por lo menos espiritual, moral y hasta práctico –en el sentido de que se sintieran protegidos por cualesquiera de las cosas buenas que sucedieran dentro de Cuba-, pero la política existe para ser cambiada oportunamente, así que a partir de ahora, ya eso ni vale.

Lo que sí vale es que las personas que están “allá”, y que han recibido todos los beneficios del más allá, también tendrán derecho a recibir las mercedes de los de “acá”, y hasta beneficiarse puntualmente de educación universal y sobre todo especializada, atención médica y medicamentos gratuitos y hasta de la libreta de abastecimiento si lo quiere. A la vuelta de la esquina política, ha sido un premio a los que se fueron de este país  y sus vástagos, la inmensa mayoría de ellos opositores reales y silenciosos de la revolución que ahora pueden dar mayor bofetada a los que se quedaron.

Conozco a uno que ganó unos 150 mil dólares libres de impuestos de una demanda laboral, e inmediatamente se trasladó a Cuba, sin decirle a nadie, menos a su esposa –en definitiva, era un paria allá- compró una casa acá –bien barata- y todo lo de adentro en tres días, le dieron su carné de identidad y también, por supuesto, la libreta de abastecimiento. La primera vez que lo vi en la “tienda del pueblo” como le decía de chiquito, comprando los huevos de la cuota, fue realmente chocante.

Por cierto, ya ni se va a poder decir con mucho orgullo –ni con poco, porque no se va a poder decir- que los unidos dos extranjeros que se les ha dado la ciudadanía por nacimiento fue a Máximo Gómez y a Ernesto Che Guevara. Ahora se unen a ellos, Juana Rodríguez, Melesio Ledesma, Carlos Otorro y cuantas personas que ganan allá, los que menos 1500 por ciento más que los de acá, y que siempre estuvieron también a 1500 años luz de aquellos dos.

Y que no me acusen de retrógrado y conservador y quien no cambia lo que debe ser cambiado, -que ahora han surgido los oportunistas más rancios en ambos lados, para sumarse rápido a cualquier cosa que los acerque al dinero o la emigración, sobre todo a la radicada en Estados Unidos- que si alguien puede blasonar de liberal y aperturista soy yo, por encima de la mayoría silenciosa de ambas cosas.

Si alguien está a favor del acercamiento y ha criticado contundentemente la política errática, absurda y desafortunada de Trump soy yo, como mismo exalto la miseria de principios del congresista Marco Rubio, a quien el pueblo cubano le importa un bledo y lo que pase en esta tierra mucho menos.

Pero me molesta el oportunismo múltiple, aquel desandando para jodernos la existencia más y los de aquí contestando para congraciarse amaneradamente con la misma emigración que durante más de treinta años vilipendió públicamente.

Y no se trata de rechazar a esa emigración. Para que esté claro mi punto: los cubanos y cubanas estás regados por el mundo y su patriotismo y nacionalidad no dependen en nada de que vivan en Cuba y tampoco de su posición con relación al gobierno cubano; sino de sus sentimientos para con Cuba y su pueblo sufrido.

Pero al igual que muchos países del mundo, no se puede, con el ánimo de equilibrar los golpes que se le dan a Cuba, afectar a los millones de seres humanos que siempre han vivido en Cuba desde el punto de vista económico y moral. Eso es inadmisible, y lo triste es que nadie de acá dice nada ante tanta bofetada.

Todas las personas cubanas deberían tener los mismos derechos en cualquier parte que estén residiendo temporalmente o vivan permanentemente, pero nunca en menoscabo de los que se han comido la peor parte del pastel.

¿Cómo se puede permitir que alguien que nació en La Florida, por ejemplo, -y que es ciudadano norteamericano por ley de allá- violando la constitución cubana tenga derecho a consumir servicios y medicamentos gratuitos, por ejemplo, cuando sus padres se fueron del país precisamente porque odiaban estar aquí porque según ellos, lo único bueno que tenía este país –la educación y la salud gratuita- no les proporcionaba ningún nivel de satisfacción?

¿Cómo es posible que esa persona pueda venir acá solo para satisfacerse de los servicios médicos de acá, gratuitos totalmente –claro que van a corromper a todos, porque podrán hacer regalías ridículas para ellos pero afortunadas para el digno acreedor- y seguir viviendo allá, con todos los beneficios que eso trae consigo, sin pagar absolutamente ningún impuesto por los ingresos, los que sí tienen que pagar los de acá, por ejemplo, que ganen un poco más de lo común?

No se trata de cobrarles por haberse ido del país, sino lo justo y equilibrado por no haber beneficiado a esta sociedad nunca jamás desde que salieron de aquí, como se hace en cualquier país capitalista y desarrollado en la actualidad, por ejemplo, Suecia.

Siempre rechacé que se estigmatizara a los que se iba de este país, no ya que se les tirara huevos como sucedió en el 80, pensando que lo único correcto sería que cualquiera que quisiera y tuviera los medios necesarios saliera cuando quisiera y a donde quisiera; y que si obtuviera ingresos monetarios o de otra índole, pagara los impuestos lógicamente establecidos y regresara cuando deseara, sin necesidad de que antes perdiera ninguna oportunidad y propiedad. Pero el aporte es muy importante, como en cualquier país del mundo.

Aunque quizás he escrito demasiado para decir algo tan elemental como que no me gusta que abofeteen a quien ha estado en las buenas y en las malas para congraciarte con el amigo del enemigo, porque, al fin y al cabo, prácticamente nadie de los que vive afuera puede ser acreedor de la ciudadanía cubana sencillamente porque la inmensa mayoría ha dicho o ha pensado, al menos eso, que se contraponen a los fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado

Cubano, y esa es un invalidante total.

Por cierto, son útiles estas acotaciones finales sobre los instrumentos jurídicos que igualmente fueron aprobados en el gran paquete del 30 de diciembre de 2017.

El artículo 44 del Decreto 26, modificativo del339 de 1979 determina que “para entrar al territorio nacional los ciudadanos cubanos deben poseer pasaporte cubano vigente expedido a su nombre o documento equivalente”, lo que me deja en ascua, porque hasta donde yo sé, siempre ha sido así, incluso para aquellos que constitucionalmente han dejado de ser ciudadanos cubanos porque adquirieron otras nacionalidades, incluso para aquellos españoles que radican por cientos de miles dentro de Cuba.

La otra es referida a la Resolución 336 referida al control de la aduana relativas a barcos turísticos personales, la que tiene dos aspectos casi grotescos: por un lado cualquier cubano que radique en el extranjero puede desembarcar con sus yates y disfrutar de la vida de ese modo, lo que está en consonancia con la propia apertura con respecto al otorgamiento de la ciudadanía cubana y hasta aquí no hay tantos problemas.

Lo grotesco, decía, es que en esa categoría de igualdad no entran, por supuesto, los nacionales de acá, los que no se fueron y que no tienen ni barco ni barca, ni yate; y aunque lo tuvieran, no pueden anclar allá, en esos lugares de privilegio y lo otro y aun más pedestre: los cubanos de allá incluso los nuevos ciudadanos cubanos no podrán importar temporalmente sus vehículos, pues solo lo pueden hacer los extranjeros, lo que me lleva a una conclusión: tendrán que hacer un balance: por un lado tengo servicios médicos gratuitos y la libreta de abastecimiento y por otro me van a seguir discriminando con respecto a los extranjeros, y así se podrán decidir si quedarse con doble ciudadanía, pero sin carné de identidad, con carné oficial y sin categoría de extranjero, que para eso son estas leyes cubanas, ilógicas, oportunistas y chocantes para el cubano.


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No entoen cómo las personas que viven dentro de Cuba o que lo están haciendo fuera, pero que siguen realmente ligadas a su historia e intereses, no rechazan contundentemente la posición de Trump con respecto a Cuba: O son estúpidas y por tanto incapaces de entender mínimamente que el presidente norteameticano ha dsecho, con relación a Cuba, sus propios postulados ideológicos y los principios que sustentan su manera de explorar y afianzar su pensamiento; o son tan oportunistas como

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